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Umbra

>> 18 de abril de 2010

A cuántas personas le estropeamos la vida con sólo tenerlas a unos cuantos pasos de nuestra existencia. Respiramos y eso basta. Una mácula infinita nos dibuja nuestra silueta diametral e identitaria sobre cualquier superficie.
Nos proyectamos (¿de dónde viene esa luz tan molesta?), nos hacemos tan chiquitos como queramos, o nos aventajamos inmensamente y somos la oscuridad en plena totalidad del cuarto, de la casa, la manzana entera. Una sombra.
Cae el sol unas 10 veces. Y unas 10 veces nos levantamos y develamos un rasgo, algo, nuestra máscara más verdadera.
Dos mentiras (bien jodidas).
Una metáfora (estúpida la metáfora como este texto).
Tres estupros (el engaño es la sombra más grande).
Una manipulación pluscuamperfecta (el poder sobre otro; un detalle).
Dos manadas al aire (ese bicho que se esconde).
Y unas tres que sean patadas para acariciar el canon (patear la pared, el carro, patear el paraíso).
Pero no encendamos la luz todavía. No. Estaríamos un tanto somnolientos, nuestros ojos se destartalarían por tanto dilatar, caminaríamos y nos daríamos en el dedo chiquito del pie con la pata de algún mueble doméstico. Tropezaríamos con una sombra. Con algo jodidamente parecido a nosotros.
Ese buzz eléctrico ya nos tiene lubricando los nervios. Habrá que huir como cucarachitas bebés en el interior de un fregadero…
¿De dónde viene esa luz que es tan molesta? No deja cuajar la oscuridad. Nuestras sombras a punto de hacernos mucho, mucho daño.
imagen: pieza de Regina Silveiros

1 comentarios:

Vania Vargas 21 de abril de 2010, 9:06  

Me gustó. Buen texto. Saludos

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